Como ya es costumbre, desde 2004, el Oxford Dictionary anuncia su palabra del año. El proceso puede resultar complicado, considerando que durante 12 meses se habla, y mucho. Pero para fortuna de los lexicógrafos del Oxford Dictionary, existe tecnología suficiente para el análisis de las palabras y de cómo se está utilizando cada una de ellas.

A estas alturas, es fácil recordar palabras como selfie (2013), emoji (2015) y Post-truth (2016) que fueron elegidas como palabras del año y que también cruzaron las barreras idiomáticas. En algunos casos, no pudieron conseguir el tan deseado anglicismo, sino que se transformaron en un híbrido que su pronunciación puede causar malestar a muchos. Es el caso de emoji, que, en el viaje de un diccionario a otro, tuvo un desenlace fatal. La Real Academia de la Lengua Española lo transformó en emoticono y con eso, casi acaba con las ganas de enviar uno a la persona con la que conversamos.

Para el año 2017, la palabra elegida fue Youthquake, definida como “significativos cambios culturales, políticos o sociales, derivados de las acciones o la influencia de los jóvenes”. En español vendría a ser algo como “terremoto juvenil”.

Fue elegida por el creciente uso que se le dio en el Reino Unido durante el año. Especialmente luego que la primera ministra Theresa May convocara en abril a elecciones anticipadas en medio de negociaciones de salida de la Unión Europea. Es ahí donde el youthquake se personifica en Jeremy Corbyn, líder del Partido Laborista y principal opositor de la primera ministra.

Corbyn es un político de 68 años que logró inspirar a muchos jóvenes de Reino Unido y los motivó a votar, logrando un 36% de los votos frente a un 47% del Partido Conservador de la primera ministra. Pero el 54% de votos de ciudadanos de entre 18-34 años se inclinó por la propuesta de Corbyn, frente a solo un 29% de May. En mayo, el último día para registrarse para votar en las elecciones, se inscribieron 246,487 jóvenes de entre 18-24 años. Cifra que supera a las 137,400 que se registraron para votar en las elecciones de 2015. Al final lograron inscribirse 1.05 millones de jóvenes desde que la primera ministra convocó a elecciones en abril.

De Reino Unido, el youthquake, se ha ido moviendo a otros países como Nueva Zelanda con la primera ministra Jacinda Ardern, a Italia con el movimiento Potere al Popolo o Francia con La France Insumise de Jean-Luc Mélenchon que existe desde 2016, pero que también rompe los modelos de la vieja política, abriendo camino a una nueva.

El youthquake no trata de cambiar una caras o tapar arrugas, aunque también, sino de las formas. Lo demuestran Corbyn, Mélenchon o Bernie Sanders que pertenecen a otra generación, pero que han sabido aterrizar en esta. Trata de jóvenes estremeciendo la tierra y derribando muros que no les permite avanzar, lo que les cierre oportunidades, lo que los minimice.

No es entonces una palabra lo que hará cambiar todo, probablemente se ponga de moda y se escuche más en Latinoamérica, sino de que hay un incremento de interés de jóvenes por la política, ya sea votando u organizándose. El youthquake se ha posicionado porque, como señala Casper Grathwohl, presidente de Oxford Dictionaries, “es una palabra política rara que suena a una nota de esperanza”. Y es esa esperanza la que muchos jóvenes se niegan a perder y que quieren devolver a los que ya no la tengan.

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