Hace un tiempo, conversando con una persona de un equipo de campaña de un candidato que recientemente había perdido una elección, cuando le pregunté qué le había enseñado esa elección, me dijo: “No aprendí nada nuevo de esta campaña… al menos nada que ya no supiera”.

El elemento más distintivo de la democracia es la elección. Y las elecciones son un gran océano lleno de tiburones donde muchos (la mayoría) se tiran voluntariamente solo para morir. Y para quienes no saben gestionar derrotas y fracasos (también falta de madurez política), esta es la respuesta esperada. Y no la culpo. Las derrotas no son fáciles y toman tiempo superarlas. Pero las derrotas también pueden convertirse en oportunidades de cambio, renovación y crecimiento.

Las derrotas electorales son tan importantes como las victorias, puesto que estas determinan en gran medida el juego político que tiene que hacer el ganador (el gobierno). Sobre esto, el politólogo norteamericano William Riker señala que: “La dinámica de la política está en las manos de los perdedores. Son ellos los que deciden cuando, como y si se sigue peleando”.

Ciertamente el fin último de los partidos políticos no es perder la elección, pero una vez ocurra, el resultado tiene que aceptarse (aunque el propio sistema ofrece alternativas para cuando no se esté de acuerdo con la derrota) y replantear estrategias para evitar que vuelva a suceder.

Todo desempeño electoral bajo, es causa suficiente para un cambio substancial y debe ser utilizado para intentar, al menos, cambiar la identidad de un partido, es decir, reorganizarse, entrar en proceso de auto crítica, y levantarse de su derrota con nuevas estrategias que se adapten a la realidad y contexto político específico.

Pero para actuar, primero hay que entender. Y esto será lo primero antes de cualquier re configuración estratégica.

Sobre las derrotas de los partidos políticos, Lippmman menciona que: “Son rígidos cuando son demasiado exitosos y solo la derrota parece darle una nueva vida”.

De tal manera, que, ante una derrota electoral, los partidos políticos necesitarán cambios que moldeen su comportamiento en diferentes escenarios:

  1. Selección de candidatos; entendiéndola tal vez, como la principal actividad del partido derrotado. Una adecuada selección de candidatos, logrará una mejor cohesión partido – adherentes y partido – votante, creando o restaurando la confianza de los ciudadanos para que les representen.
  2. Relevo de líderes; pero no solo por llenar un espacio. El éxito del partido dependerá de las diferencias que exista ente el nuevo líder y su predecesor, por lo tanto, la sensación de cambio tiene que ser marcada y medular.
  3. Incentivos de cambio; retroalimentan al partido político durante el proceso de competencia, influyendo considerablemente en la dinámica de la organización política. Si bien una victoria es el objetivo de muchos partidos políticos, una derrota también es un estímulo para mejorar su desempeño electoral, es decir un cambio externo.
  4. Estrategia de competencia; todo desempeño electoral bajo, es causa suficiente para un cambio substancial y debe ser utilizado para intentar, al menos, cambiar la identidad de un partido, es decir, reorganizarse, entrar en proceso de autocrítica, y levantarse de su derrota con nuevas estrategias que se adapten a la realidad y contexto político.
  5. Transformación de la organización; Panebianco lo define de la siguiente manera: “Un cambio en la configuración de la coalición dominante del partido, considerando tal si modifica la relación entre los grupos que existen en la organización, alternando el reparto existente en cuanto al control de los incentivos y reestructuras los juegos de poder, tanto verticales como horizontales”.
  6. La transformación ideológica y renovación programática; las derrotas electorales suelen provocar cambios en los partidos políticos, especialmente en el “rostro” que le muestran al electorado.
  7. Cambios en las élites dominantes de la organización; las élites dominantes son facciones que conforman a un partido. Estas, en muchas ocasiones son la cúpula de la organización y por lo tanto, una pieza clave para su desarrollo y progreso.
  8. Capacidad de adaptación; es el punto de partida para que los partidos políticos puedan reevaluarse, de lo contrario la oportunidad para competir en las contiendas electorales será muy difícil de llevarse a cabo.

Debemos entender que ser exitoso en política cada vez se vuelve en algo más subjetivo. Las victorias electorales son cada vez más frágiles y efímeras. Se “lucha” desde el poder contra un contrapoder más disperso y que no está necesariamente en las instituciones formales.

Saber gestionar la derrota electoral y reconstruir el capital político es más importante que nunca, pues en una sociedad democrática el fracaso electoral de hoy puede ser potencialmente la base del éxito del mañana.

“Si no puedes aceptar perder, no puedes ganar”. – Vince Lombardi.

 

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